Estilos de vida

Estilos de vida

La mayoría de las personas, cuando se les pregunta sobre qué es un estilo de vida saludable, dirán lo siguiente: “Comer bien, hacer ejercicio y no beber  ni fumar”, sin embargo, estas ideas generan vacíos. ¿Qué significa comer bien? ¿Significa tener una dieta vegana, o una dieta paleo, o simplemente una dieta de frutas, o qué tal no tener ninguna dieta?

Un “estilo de vida” no es más que cómo vive una persona o un grupo de personas, pero cuando hablamos de estilos de vida deseables para una vida saludable, entonces existe la necesidad de recurrir a la medicina conceptual y ver nuestra salud no como un regalo, sino más bien como una responsabilidad de mantenerla en su mejor estado posible, aprendiendo qué podría dañarla y qué podría conservarla saludable, para que podamos disfrutar de una vida feliz y longeva.

Un estilo de vida saludable se define por comportamientos que contrarrestarán el hambre celular, teniendo en cuenta que si queremos mantener nuestros cuerpos bien nutridos debemos comer alimentos nutritivos. Y para hacer esto, debemos abstenernos de comer dos tipos de alimentos comunes, que evitan la asimilación de nutrientes. Uno de ellos es el azúcar, incluidos todos los tipos de azúcares (blanca, morena, melaza, miel, jarabes y azúcares naturales de frutas procesadas), y el otro es la leche incluyendo todos los lácteos.

Tenemos un intestino muy pequeño, aunque puede parecer lo suficientemente largo para su longitud de 7.5 metros, sin embargo la única área destinada para la asimilación de nutrientes se encuentra en su primera porción de solamente 20 cm conocida como el duodeno. La cual solo puede asimilar moléculas de tamaño muy pequeño, por ejemplo, menos de 5 unidades moleculares. Esto significa que los alimentos deben ser pre-digeridos antes de ser ingeridos.

¿Alguna vez se preguntó por qué somos los únicos mamíferos que necesitan “cocinar” sus comidas? Nuestro estómago es demasiado pequeño para descomponer los alimentos crudos, y para que los nutrientes se puedan obtener, el proceso de cocción permite a los seres humanos descomponer las moléculas grandes haciéndolas más pequeñas, para que los nutrientes de esos alimentos estén disponibles para nuestro intestino y puedan asimilarse con facilidad.

La asimilación de nutrientes no ocurre en la forma en que el agua se absorbe en una esponja, de hecho, esto requiere enzimas o transportadores para guiarlos desde el intestino hacia la sangre y hacia nuestro hígado. Estas enzimas son muy específicas para grasas, carbohidratos, proteínas, vitaminas y minerales. Estas enzimas están presentes en el borde o en la luz de nuestros intestinos tan pronto como ingresan los alimentos y cuando el proceso de vaciado del estómago culmina, se vuelven menos disponibles.

El azúcar y todos sus derivados están formados por moléculas muy pequeñas y simples, que no requieren digestión estomacal, por lo que tan pronto como se ingieren pasarán directamente a nuestro intestino provocando la aparición de enzimas digestivas. La presencia de cualquier alimento, incluido el azúcar, en el duodeno provocará la liberación de todas las enzimas digestivas, incluso cuando solo necesitemos las enzimas para los carbohidratos. Una vez que se asimila el azúcar, todas las demás enzimas se reabsorberán en la luz del intestino y para cuando los contenidos que estaban en el estómago estén listos para ser liberados en el intestino, estos se encontrarán con una menor cantidad de enzimas digestivas, disminuyendo la cantidad de factores esenciales que podríamos haber asimilado si no hubiera habido azúcar presente, y como resultado nuestras células se verían privadas de material de reparación, lo que provocaría hambre celular.

Con el consumo de lácteos (por ejemplo, todos los productos derivados de la leche animal), tenemos otra reacción contraproducente, que se llama inflamación intestinal. Las proteínas en los lácteos son muy grandes y no se descomponen por completo en nuestro intestino, algunas de estas proteínas grandes permanecen en nuestros intestinos sin asimilarse y sirven como alimento para nuestra flora intestinal. Esto hace que la flora intestinal prolifere y se produzca la inflamación. Un intestino inflamado hace un mal trabajo en la asimilación de nutrientes, lo que resulta nuevamente en hambre celular.

Si sufrimos persistentemente de hambre celular, nuestros cuerpos no podrán repararse adecuadamente, y una vez que hayamos alcanzado nuestra vejez intestinal, que lamentablemente sucede alrededor de los 30 años, el resultado podría ser el desastre que los médicos enfrentan hoy en día, jóvenes que padecen enfermedades crónicas.

Lo mismo se puede decir con respecto al ejercicio extenuante (leer post de ejercicio) que conduce a la inflamación y destrucción del tejido muscular; Esta práctica explotada en el siglo pasado bajo la perspectiva de mejorar la salud, hace lo contrario. Somos seres termodinámicos y, al igual que todos los seres vivos, avanzamos constantemente hacia el desorden, también conocido como envejecimiento y muerte. Todos los días envejecemos y este hecho es innegable e imparable, sin embargo, podemos controlar qué tan rápido o lento nos movemos hacia nuestra muerte. Cuanto más usemos nuestras reservas, más rápido alcanzaremos nuestro estado de equilibrio o muerte, pero si somos conscientes de utilizar nuestras reservas cuando realmente las necesitamos, llegaremos a nuestro fin a un ritmo más lento y sin mucho desgaste lo cual se traduce en una vida más saludable.

Lo mismo ocurre con fumar y/o beber, estos dos hábitos poco saludables solo aumentan nuestro desgaste y la destrucción celular.

Por último, los tratamientos de conductos no deben realizarse, cualquier diente que esté roto o dañado sin posibilidad de reparación debe retirarse, no mantenerse en la boca de la persona. Mantenerlo puede tener resultados dañinos, como reacciones autoinmunes o fugas bacterianas hacia otras áreas del cuerpo que no fueron creadas para mantener dicha flora bacteriana, lo que a la larga en la mayoría de los pacientes, causa una variedad de complicaciones crónicas que no tienen nada ver con sus dientes, por ejemplo, cálculos renales, cálculos biliares e incluso cánceres.

A través de la medicina conceptual, mi objetivo es ayudarle a comprender por qué estos simples cambios son fundamentales para alcanzar una vida saludable, y por qué lograr una buena calidad de vida es alcanzable a cualquier edad, todo lo que se necesita es aprender y ver ciertos aspectos de nuestras vidas desde una perspectiva diferente.

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